Nocturno

 A veces, abrir la puerta es más arriesgado que salir...


Las farolas de la calle estaban encendidas; no sólo atraían a las polillas. Unos ojos atentos observaban la casa familiar. Esperaban, pero no salí. No prendí la luz de adentro. Al amanecer las farolas se apagaron y el niño se desvaneció. Me pregunto si esta noche volverás, y si me atreveré a prender la luz y abrirte la puerta.

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