Después del viento.


Avanzaba igual que nosotros, pero en sentido contrario. Fue lo que me impulsó a darme vuelta y ver lo que habíamos dejado atrás: los estantes vacíos, las góndolas a medio iluminar, el eco lejano de un anuncio grabado.

El carrito no llevaba ninguna marca visible y las ruedas oxidadas chirriaban como si el tiempo les pesara. Una sensación extraña me recorrió el cuerpo. Sentí que no tenía nada que perder si volvía sobre mis pasos.

Mis conocidos ya habían salido por las puertas corredizas, que dejaron de abrirse. Los que quedamos caminábamos juntos por el supermercado, viendo como poco a poco se iba transformando en un lugar donde las cosas desaparecían: productos fuera de stock, ofertas que no le interesaban a nadie, pasillos sin sentido. Tratamos de sostenernos unos a otros, mudos y con las miradas vacías, buscando en el grupo un hilo de pertenencia.

 Tomé como guía el sector de congelados que ahora parecía un lugar abandonado. El carrito seguía andando con una lentitud exasperante. Aunque no estaba lejos no podía ver quien lo empujaba. “Tal vez nadie” pensé con aprensión mientras el chirrido se hacía cada vez más tenue.

De pronto, desde los conductos del techo comenzó a soplar un aire artificial suave como una brisa. Después sopló en ráfagas cada vez más fuertes y frías, generando una niebla que lo envolvió todo.

En un instante, el carrito, las estanterías, incluso las luces fluorescentes, se desdibujaron como si nunca hubieran estado ahí. A mi alrededor no había quedado nadie. La gente se había desvanecido como barrida por el mismo viento. No se escuchaban pasos ni murmullos, ni el pitido de las cajas, ni el sonido de la música de fondo. Sólo quedaba el silencio impersonal de los lugares que se apagan.

Tengo que aceptar que me he quedado sola. Delante de mí se extiende un pasillo interminable, sin señales, sin ofertas, sin salida de emergencia. Un suelo encerado se pierde en un horizonte brumoso, misterioso e inevitable. Sé que tengo que dar un paso y luego otro y otro más. Porque a veces avanzar no es una elección. Es lo único que queda.

 

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N. González Núñez 2025. 
Ilustración Crédito IA.
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